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sábado, octubre 28, 2017

EN LA CALLE




EN LA CALLE  - Calaca

Tres amigos se encontraron
para hablar de cualquier cosa;
se sentaron en un banco
dejando abierta la losa...
Sin un pelo en la cabeza
deshuesados y sonrientes;
se lo pasaban fetén
viendo pasar a la gente.
Uno de ellos se fijaba
en una guapa mozuela;
que perdía sus andares
por la estrecha callejuela.
El del centro suspiraba
recordando su vivencia;
y hasta quería volver
al sueño de la existencia.
El tercero acobardado
mirando al suelo pensaba;
que era mejor estar muerto
que mirar lo que pasaba:
un niño muerto del hambre
un político ladrón,
un emigrante sin casa
y cuántos... sin corazón.
Los tres se sintieron tristes
y a la tumba regresaron;
la losa quedó cerrada
y del mundo, se olvidaron.


©Julie Sopetrán

jueves, octubre 20, 2016


ME ENGAÑABA     Calaverita

Calaca - Calavera

La muerte vino a decirme
que me estabas engañando;
y como no la creía
pues se fue tambaleando.
Dejó un hueso en cada esquina
para que yo la creyera;
cuando me fui de paseo
¡Ay Dios mío! Qué cojera...
Sentí que algo me pasaba
debajo de una farola;
La Loquita me mostraba
que los huesos eran trolas.
Allí mismo antes de anoche
mi marido se besaba
con la fulana más progre,
porque le daba la gana.
Gracias a la Pelos supe
que la verdad es mentira;
cuando los huesos se quiebran
las calles, están vacías.
Cojita, salí del borde
de la acera, y Deshuesada
apoyada en el garrote
me dirigió hasta la plaza.
Y más huesos de la Loca
hablaron. No quise oír
embustes de mi querido
que no puedo desmentir.
Hueso a hueso en cada calle
palabras de desengaño;
un despilfarro de juergas
que al andar, me hacen más daño.
Me divorcié de mi esposo
las conocí a todas ellas...
Y ahora, me lleva la Huesa
en una silla de ruedas.

©Julie Sopetrán
2016
No dejes de visitar:

http://www.dayofthedead.com/

viernes, octubre 03, 2014

POEMAS DE CALACAS Y CALAVERITAS




ME ENGAÑABA


Calaca - Calavera

La muerte vino a decirme
que me estabas engañando;
y como no la creía
pues se fue tambaleando.
Dejó un hueso en cada esquina
para que yo la creyera;
cuando me fui de paseo
¡Ay Dios mío! Qué cojera...
Sentí que algo me pasaba
debajo de una farola;
La Loquita me mostraba
que los huesos eran trolas.
Allí mismo antes de anoche
mi marido se besaba
con la fulana más progre,
porque le daba la gana.
Gracias a la Pelos supe
que la verdad es mentira;
cuando los huesos se quiebran
las calles, están vacías.
Cojita, salí del borde
de la acera, y Deshuesada
apoyada en el garrote
me dirigió hasta la plaza.
Y más huesos de la Loca
hablaron. No quise oír
embustes de mi querido
que no puedo desmentir.
Hueso a hueso en cada calle
palabras de desengaño;
un despilfarro de juergas
que al andar, me hacen más daño.
Me divorcié de mi esposo
las conocí a todas ellas...
Y ahora, me lleva la Huesa
en una silla de ruedas.

©Julie Sopetrán
2016



              Foto: Mary Andrade                               
http://www.dayofthedead.com/

POEMAS DE CALACAS Y CALAVERITAS

Originales de Julie Sopetrán

Registrado en 


Foto; Mary Andrade 
www.dayofthedead.com/

LA CALACA DE MI BARRIO

Con traje de faralaes
mantón y corte gitano;
La Flaca muestra su talle
que es a la vez mexicano.
De amarillo se ha vestido
la Calaca de mi barrio;
con el volante ceñido
y muy pintados los labios.
Sonríe de lado a lado
y nos enseña los dientes;
con los ojos sombreados
y las pestañas salientes.
Sombrero lleno de rosas
y melena sobre el hombro;
por donde pasa La Flaca
causa admiración y asombro.
Una sobrefalda negra
dos rosas en la cadera;
y si la miras de frente
no parece Calavera.
Qué tantito se ha pintado
si hasta sus uñas rosadas
hacen juego con las flores
donde se van las miradas.
Dedos largos, el escote
y el negro de su toquilla;
realzan el amplio escote
donde exhibe sus costillas.
Cuidando mucho su pose
y sin perder la ocasión;
La Catrina Garbancera
se dirige al Panteón.
Cuida el paso, luce cachas
mueve bien las posaderas;
y ajusta con buena traza
todas sus partes traseras.
Y así, vestida de otoño
y amarillo gatuperio;
la Calaca de mi barrio
se planta en el cementerio.

©Julie Sopetrán


Imagen de Tumblr

LA HUESITA QUE NO TENÍA GUITARRA (Calaverita)


Necesitaba guitarra
la muerte por el camino;
y como no la encontraba
le entró un llanto repentino.
No quería que la vieran
llorando por las esquinas;
y llora llorando iba
esquivando a las vecinas.
Necesitaba cantar
alegrarse los huesitos;
para llevar a la tumba
retintines favoritos.
Se empezó a mirar los dedos
necesitaban guitarra;
para rasgar en las cuerdas
el incordio y la tabarra.
Quería cantar fandangos
alegrías, sevillanas,
y hasta inventarse la letra
si se le dieran las ganas.
Repetía y repetía
gestos muy articulados;
imaginando en el aire
los trastes, nunca tocados.
De repente se dio cuenta
que sus delgadas costillas;
le servirían de cuerdas
para rasgar seguidillas.
Con sonido de taranta
pasé la noche de muertos,
porque la muy mentecata
quiso que oyera el concierto.
Se le rompieron las cuerdas
tabas, costillas al aire;
y hasta le ayudé a templar
para no hacerle un desaire.
Mueve que te mueve mueve
repetitivo artefacto;
me fui en busca de otra muerte
que me matara en el acto.

©Julie Sopetrán






Fotografía:  Mary Andrade
Poemas:       Julie Sopetrán

Las calaveritas literarias están compuestas por versos irreverentes, críticas irónicas, desenfados, descontento con lo que ocurre a nuestro alrededor; es un canto picarón y se usan para manifestar lo que sentimos y cómo vemos o nos relacionamos con la Muerte, llamada con mil nombres diferentes, como La Pelona, La Huesuda, etc.. Las primeras calaveras se publicaron en Jalisco, en Guadalajara de México, en 1849. Se las debemos a José Guadalupe Posada que lo dio comienzo con sus extraordinarios dibujos de las Catrinas. La fotógrafo Mary Andrade, es autora de las siguientes fotos realizadas en distintos lugares de México. En ellas me he inspirado para unirme a la tradición mexicana. Deseo que os guste. Tanto las fotos como los poemas aquí publicados, están registrados en la propiedad intelectual, se pueden copiar siempre que mencionen a sus autores.  Muchas gracias.

http://www.dayofthedead.com/

http://eltiempohabitado.wordpress.com/poemas-calacas-y-calaveritas/




Foto: Mary Andrade

LA VIUDITA GARBAMCERA

Murió su esposo en Noviembre
trabajador garbancero;
y se quedó en el desmiembre
sin cosecha y sin dinero.
Quiso imitar a la intrusa
o al intruso de lo ajeno;
y convertida en pitusa
parecía un nazareno.
Robó el traje a una calaca
y se puso de sombrero;
una diadema polaca
su aro es de mal agüero.
Puntillas, broches y seda
y así imita a la pendeja;
que pasa por la alameda
con aires de puta vieja.
Disimulada y con hambre
allá que se fue tras ella;
parecía un puro alambre
con ropaje de doncella.
Viuda, delgada y sin talle
nadie la dice un halago;
cuando pasa por la calle
los cursis la hacen de lado.
No sabe la pobrecita
que son unos filisteos;
para sacarles la cita
tienes que ser europeo.
La viuda se volvió a casa
recogida en su esqueleto;
la tristeza la traspasa
y la consuela... su nieto.

©Julie Sopetrán



Foto: Mary Andrade

LA PIOJOSA

Rasca que rasca La Fea
recoloca su peluca;
porque algo la picotea
desde los pies a la nuca.
Ha vendido lo que tiene
para sentirse atractiva;
falda de raso, perfumes
collares en exclusiva
y sugestivos emplumes...
Con su chal y sus anillos
imita a Sofía Loren;
y se rasca los pelillos
antes de que la enamoren.
Mechones que no son suyos
y por ser artificiales;
le están causando barullos
en las zonas capilares.
Un sin vivir de picores
que se la agrandan los ojos;
cuando al mirar los doctores
descubren, que tiene piojos.
Con sus uñas afiladas
los va matando uno a uno;
las muertes son demasiadas
y se siente en pleno ayuno.
Una parásita risa
que parece de un engendre
se oye en la calma que irisa...
resulta que es una liendre!
Y ya no sabe qué hacer
La Fea, tan maquillada;
y sin tener qué comer
porque no le queda nada.
¡Piojos, piojos por doquier!
en su dimensión delgada.
Quiso volver a su origen
sin manipular el reto;
y ya sus sueños lo rigen
los huesos de su esqueleto.

©Julie Sopetrán




Foto: Mary Andrade



LA MUERTA DE HAMBRE

Y no tenía ni un peso
y quería ser muy rica;
por eso lleva pamela
como doña Federica.
En los huesitos está
porque ni garbanzos come;
la pobre en cualquier momento
es fácil que se desplome.
En su estómago vacío
hasta le han crecido flores;
y de lo que más presume
es de sus buenos olores.
Le han regalado una blusa
para taparse los huesos;
porque al verse tan delgada
parece una tentetiesos.
Los aretes que presume
se los regaló Don Cleto;
aquella noche de luna
que se vieron en secreto.
La Muerta de Hambre quisiera
andar con porte europeo;
por eso tiene su facha
un pláceme de museo.
Y va con la boca abierta
ostentando su figura;
sus andares son de muerta
que vuelve a la sepultura.
Cuando la veas pasar
deja que pase de largo;
no te vaya a conquistar
la inercia de su letargo.
  

©Julie Sopetrán




Foto: Mary Andrade

ESPERANDO A DON POLVO

La Polveada la llaman
y así está de blanquecina;
porque maquilla su cara
con un polvillo de harina.
Sentada en su mecedora
teje y teje el desbarato;
mientras entretiene ovillos
el holgazán de su gato.
La tejedora Pelona
tan sólo enseña las manos;
mientras entrelaza lana
para un gorro mexicano.
Capuchón para el minino
que se complace en la cama;
y parece el rey del sueño
gobernando sin pijama.
La Polveada no sale
del cuarto de su finado;
con micifuz atesora
el polvo de lo pasado.
Cama, baúl, mecedora
y la colcha maravilla;
encaje de unión vivido
entre-dós y con puntilla.
No toquen la cabecera
y no lean las revistas;
todo ha de estar en su sitio
para la cita prevista.
Recibirán a Don Polvo
con limpieza y ablución;
y para entonces el gato
ya tendrá su capuchón.

©Julie Sopetrán



Foto: Mary Andrade

LA HUESITA

Y se murió su marido
y se quedó embarazada;
y vestidita de viuda
y con la cara lavada.
Y necesitaba un bolso
y no tenía diez pesos:
y todo se quedó en bolsa
y así se fue de paseo...
Y presumió de pamela
y con puntillas al vuelo;
y volantes al donaire
y así, superó los duelos.
Y con rebozo, solita
y sin marido en la cama;
y además, con chavo dentro
y ella... parece otra chava.
Y se arregló las pestañas
y ¿quién sabe? Está de ver;
y por algo tiene bolsa
y la ha de llenar ¿de qué...?
Y en busca de lo que sea
y abandonado su fiambre;
y su tripita crecida
y bailoteando el hambre...
Y sin lágrimas de hormiga
y sin más, la muy canalla;
i ncita a que la regalen
y la bolsa... se desmaya.
Y llena, llena hasta arriba
y... hasta de taco y carnitas;
y suda, la suda el lastre
y ahí está, la muy huesita.

©Julie Sopetrán




Foto: Mary Andrade

LA LOCA CHINGADA


Hoy me enteré que a la muerte
le gustan los girasoles;
se los pone como adorno
cuando pasea la noche.
Viste de mármol marrón
callejea por las calles;
patea todos los zocos
ostentando sus collares.
Altiva, esbelta, ajustada
de caderas y cintura;
encubre tras su pamela
desmedida dentadura.
Cuello largo, dedos finos
ojazos de calavera;
ella se cree muy guapa
pero te digo que es fea.
Para adornar su semblante
la vemos con dos aretes;
de esa manera se alegran
un poco sus pareceres...
Pero el cuello la delata
con sus argollas huesudas;
aunque se ponga colgante
no adorna su desmesura.
Y también lleva pulseras
hechas de barro macizo;
destacando en su apariencia
el sujetador postizo...
Así es la Loca Chingada
no te fíes de su aspecto;
porque va muy ataviada
disimulando sus huesos.
  
©Julie Sopetrán


Foto: Mary Andrade

SENTADOS SOBRE EL POLVO DE LOS BANCOS
Historia breve

En el banco se sentaron
cuando salieron de misa;
la gente que los miraba
sufría ataques de risa.
Eran tres viejos amigos
que se habían encontrado
en una fiesta macabra
celebrada "al otro lado".
Cansaditos de beber
tequila y otros sabores;
se volvieron a su banco
a comentar sensaciones.
Bla bla bla de vida y muerte
ya borrachitos estaban;
y apenas si percibían
a la gente que pasaba.
De visita a sus "ayeres"
con la vida se toparon;
decían que casi todo
se les había olvidado...
Pero mira tú por donde
sus ex-mujeres pasaron;
y a los tres, muy sorprendidos
los huesos les retemblaron.
Uno murió por paliza
otro de apaleamiento;
y el tercero sentenciado
a muerte por escarmiento.
Hijos dejaron sin padre
a madres trabajadoras;
que tuvieron que currar
y ellos, durmiendo a la sombra...
Exaltadas del encuentro
se lanzaron hacia el trío;
y por más golpes que daban
el banco estaba vacío...
La Pelona se reía
ella conoce el secreto;
lo que parece persona
es tan sólo un esqueleto...
Y a veces ni eso ya encuentras
en los bancos de lo incierto;
porque está lleno de polvo
donde se sientan los muertos.


©Julie Sopetrán




Foto: Mary Andrade

LOS FLACOS

Somos mexicanos natos
y nos dejamos la piel;
trabajando por un peso
sin llegar a fin de mes.


La Flaca nos ha encontrado
con rifle en mano otra vez;
las balas son pa los gordos
que no nos dejan comer.

Sin trabajo y sin comida
ya no tenemos pellejo;
y a la par nos dedicamos
a darle brillo a los huesos.

Falda y sombrero tenemos
para tapar las flaquezas
de algunas partes del cuerpo
que con frecuencia se quejan.

Somos momias de ciudad
deambulando caminos
sin saber adónde vamos
ya nos dicen que venimos...

...porque estamos.


©Julie Sopetrán


Foto: Mary Andrade

LA DIVA DEL TIEMPO

La muerte es tan ostentosa
que hasta se pone sombrero;
pa lucirlo por la calle
cuando se va de paseo.

Con sus cejas arregladas
y su estola sobre el hombro;
se para por las esquinas
para arreglarse los ojos.

Lleva vestido de flores
y collar anaranjado;
y le sobra cinturón
aunque lo lleve apretado.

En sus orejas huesudas
lleva dos colgantes rojos;
y parece una modelo
que se va cayendo a trozos.

El guante bien ajustado
entre sus manos mortuorias;
con la boca semiabierta
reclama misericordias...

Tres rosas en el sombrero
adornan su arquitectura;
y es que no tendría gracia
si se quedara desnuda.

Y sin poder evitarlo
se le ven todos los huesos;
porque es en la pasarela:
¡Ella!
          La diva del tiempo.


©Julie Sopetrán






Foto: Mary Andrade


EL TIEMPO DE LA DIVA

Con su pose de Mariachi
La Pelona saca pecho;
y le canta una ranchera
pues...
            al que pasa primero.

Está dispuesta a cantar
toda la Noche de Muertos;
que para cada letrilla
tiene reservado un gesto.

En el cuello de su traje
relucen tres margaritas;
las robó en el cementerio
cuando nos pasaba lista...

Como tal mezzosoprano
su voz se instala en la tumba;
y cuando le da la gana
hasta se pasa a la rumba.

Y es que cambia de registro
porque conoce la solfa;
y se adueña de los tiempos
como si fuera una golfa.

Borrachita de armonías
con sus colgantes naranja;
recita entre copa y copa
lo que se le viene en gana.

Insolente y descarnada
se le ha hinchado la barriga;
y le ha dicho el doctorcito
que ha sido por la bebida...



©Julie Sopetrán




Foto: Mary Andrade


LA CATRINA FINA

"Calaca tilica y flaca"
dicen para así nombrarla;
y es que sólo se parece
a los que no comen nada.

No necesita bastón
para estirarse los huesos;
La Fina por ser tan fina
está siempre en movimiento.

Va y viene donde le place
y no necesita carro;
lo mismo ríe en la choza
que carcajea en palacio.

Todo terreno es la Fina
elegante y estirada;
que desfallece de pulcra
y se desmaya de guarra.

Yo la llamo Señorita
pero a veces no lo sé;
ella sabe su secreto
es Fina y... finolis es.

Catri ostenta su figura
su sombrero y su mascota;
y cuando pasa de largo
me parece... ¡una Señora!



©Julie Sopetrán



 

Foto: Mary Andrade

TONTEANDO CON LA SERPIENTE

La Catri no puede entrar
al Jardín del  Paraíso;
aunque le gusta el pecado
y también lo prohibido.

Amiga de la Serpiente
se la pone por collera;
y te lo digo al oído:
yo las he visto de juerga.

Un día comiendo tacos
al pastor y en plena calle;
la Serpiente disfrutaba
cual enredada en el talle.

Una "chela" y un tequila
y luego la seducción;
lo erótico que revuela
como pluma en esternón.

A la Serpiente, los huesos
le gustan por el enredo;
va dejando su camisa
desde la pierna hasta el cuello.

Emplumada la Catrina
mira con indiferencia;
y hasta se pone dos flores
para adornar complacencia.

Y así las vi pasear
a la Serpi y a la Catri;
con dos copitas de más
y abrazaditas de calle.


©Julie Sopetrán




 Foto: Mary Andrade



CATRI ENAMORADA

De tanto andar y mirar
La Catri se echó pa alante;
se enamoró de un galán
parecido a Pedro Infante.

Bien plantao y con chistera
y la chaqueta de gala;
paseando por El Zoco
parecían dos cigalas.

Una pareja envidiable
en tiempos de tal gordura;
parecían dos sabuesos
salidos de sepultura.

Catri lucía su anillo
él sus bigotes muy negros;
ella pestañas rizadas
él con su blanco pañuelo.

Todo el mundo los miraba
eran la envidia del pueblo;
porque ella era La Pelona
y él hace que había muerto.


©Julie Sopetrán





 Foto: Mary Andrade


PAN DE MUERTOS PARA LOS VIVOS


La Dientuda ya sin dientes
que se metió a panadera;
no podía masticar
la miga, ni la corteza.

Y se quedó en los huesines
y perdió la dentadura;
y dedicó vida y muerte
a conservar su figura.

Hacía panes muy dulces
y "rosquetas" y "golletes";
y con formas de animales
también para los despueses...

Era tan trabajadora
que hasta repartía el tiempo;
la gente no se moría
por exceso de alimento.

Y con su blusa de flores
su falda requetechula;
despachaba el pan de muerto
como si fuera lechuga.

Hacía panes de ofrendas
con los nombres del difunto;
y si no se había muerto
un pan, para el moribundo.

Pan y panes, panecillos
tienes que probar, ni modo;
que si para La Dientuda
allá que morimos todos.


©Julie Sopetrán



 
Foto: Mary Andrade

LA CHINGADA CHINGANDO


La Chingada es periodista
que interroga a los corruptos;
para ver en la pantalla
lo adulterado en conjunto.

Una mansión en Manhattan
varios millones en Suiza;
y cuatrocientas estafas
que los vicios necesitan.

La Chinga lo sabe todo
porque es investigadora;
y le llena de preguntas
que le tiran por la borda.

Élite de erosión social
soborno, fraude, dinero;
lo que se quiere ocultar
es lo que sale primero.

Y salen a relucir
los niños con la "querida";
y los millones ocultos
ganados en la mordida.

Pero nadie va a la cárcel
se celebra la noticia;
bla bla bla de la Chingada
pero nadie hace justicia.


©Julie Sopetrán